La Inquisición en El Provencio

 

        Como es sabido, la Inquisición tenía como objetivo esencial el velar por la ortodoxia de la fe cristiana y católica, poniendo en práctica una gran variedad de métodos  y actuaciones para poder cumplir ese objetivo.

        Uno de esos métodos consistía en vigilar la fe de los viajeros y mendigos que circulaban por el país cuya observancia religiosa era desconocida. Para ello las parroquias expendían una cédula de confesión que tenían que mostrar para poder justificar que eran católicos practicantes. Eran los hospitaleros, es decir, los que regían los hospitales o los dueños de las hospederías, así como también a veces los curas  los que tenían que comunicar a las autoridades  cuando un viajero o mendigo pernoctaba en el lugar para poder así estar controlados sobre su circunstancia religiosa. Para ello le pedían la cédula de confesión y de esta manera se podía comprobar  que eran católicos practicantes y no judíos o musulmanes falsos conversos.

         En el caso de que no mostrasen esta cédula de confesión podían ser sancionados y los mendigos, por ejemplo, tenían prohibido pedir limosna en ese lugar.

        Así ocurrió que el 6 de Mayo de 1.555 el cura de El Provencio encontró en el pueblo a tres mendigos llegados de fuera. Dos de ellos le mostraron la cédula de confesión, pero el tercero dijo que la había perdido. El cura le prohibió pedir limosna en el pueblo y le ofreció confesarle, pero el mendigo no sólo la rechazó, sino que hizo ademanes  irreverentes y de desprecio declarando que él sólo se confesaba con Dios o la Virgen.

        Este mendigo llamado Remón Pablo era huérfano de padre desde corta edad y su madre se había vuelto loca. Desde los 7 años vagabundeó por Francia, después recorrió Castilla y Portugal realizando ocasionalmente trabajos  con quien y en lo que le ofrecían, pero la mayor parte de su vida la dedicó a mendigar. Y es aquí cuando llega a El Provencio, y por este hecho anteriormente descrito, fue recluido en la cárcel del pueblo y posteriormente el Tribunal de la Inquisición de Cuenca le condenó a cárcel perpetua, a oír misa diariamente y realizar tres confesiones al año.

        Otro hecho en el que la Inquisición intervino también en El Provencio fue la detención de Juan de Verberus, natural de Burdeos, que había sido marinero de una flota francesa que se dedicaba a atacar  y saquear las posesiones españolas en América. Después se dedicó a capturar embarcaciones tanto españolas como portuguesas. Cuando capturaban alguna, mataban a sus tripulantes, robaban la mercancía y quemaban el navío.

        Cuando viajaba desde Granada hacia el norte de la península fue descubierto en El Provencio y detenido. En el momento de su detención sólo tenía veintidós años y su nombre lo había cambiado por Genot Noé.

        En el caso de los moriscos, musulmanes convertidos al cristianismo, la Inquisición intervenía de manera muy especial en la observación de la vida que llevaban para comprobar que no eran falsos conversos.

        Se sabe que en El Provencio hubo una pequeña población morisca, procedentes de Granada tras ser expulsados de allí después de la sublevación de Las Alpujarras. Esta población estuvo perfectamente integrada con la población cristiana vieja. Sin embargo, en los siguientes casos se puede ver  la compleja  realidad en la que vivían los moriscos, y que también en El Provencio tuvo que intervenir la Inquisición para juzgar y procesar en su caso.

        El proceso de Diego Díaz se inició en Cuenca el 20 de diciembre de 1633. Fue expulsado a Argel, pero regresó a España y acabó instalándose en El Provencio donde regentó un mesón.

        Fue acusado de realizar prácticas islámicas, por lo que tuvo que defenderse y realizar un relato de su vida ante la Inquisición. En este caso, Diego Díaz estuvo perfectamente integrado en la práctica religiosa cristiana y católica y no fue procesado, pero al igual que el resto de moriscos, seguía siendo sospechoso de ser un falso converso.

        Un caso muy especial es el de Francisco de Espinosa, ya que este era natural y vecino de El Provencio. Era morisco convertido al cristianismo, pues fue bautizado a los 20 años, sin embargo fue procesado por la Inquisición al ser acusado de cometer muchos delitos heréticos, diciendo palabras irreverentes, injuriosas y escandalosas en contra del cristianismo y a favor  de la religión musulmana.

        Estos delitos de que se le acusaban, entre otras muchas acciones, eran:

- Ser partidario de la poligamia y poder tener varias mujeres, tal como se reconocía en la religión musulmana, quejándose de que el cristianismo no la permitiera.

- Alegrarse cuando se enteraba de que los moros o los turcos derrotaban a los cristianos en las batallas en el norte de África o el Mediterráneo.

- Alegrarse de lo bueno que pudiera suceder a los musulmanes , así como del mal que le sucediera a los cristianos.

-  Leer libros sobre Mahoma y ser manifiestamente partidario de Mahoma cuando de él debatían.

- No denunciar a los que sabía que practicaban los ritos musulmanes

-  Llegó a manifestar que si la Inquisición no existiera, todos serían infieles, como dando a entender que los dogmas cristianos no eran nada convincentes comparados con los musulmanes y que, por tanto, los cristianos no estaban convencidos de sus creencias y las practicaban por miedo a la Inquisición.

- Finalmente, fue también acusado de haber cometido blasfemia al declarar que había dos malos personajes con los que convivía, uno era su borrico y el otro Dios, porque no le había dado lo necesario para mantener a sus hijos, aunque en otra ocasión manifestó que esos dos malos personajes uno era Dios y otro sus hijos que eran muchos.

        Ante estas y otras acusaciones de herejía y apostasía contra la fe y dogma católico,  que al principio negaba, tras ser sometido a tortura, terminó admitiendo que había cometido perjurio, que aunque había ido a misa y rezaba, sin embargo sus creencias habían sido musulmanas porque había sido criado en esas ideas, pero que estaba arrepentido, pedía perdón a Dios y suplicaba clemencia porque desde ese momento quería vivir y morir en la fe de Jesucristo como buen y fiel cristiano.

        En un principio la Inquisición le condenó a excomunión y a la confiscación de todos sus bienes. Por su arrepentimiento, la Inquisición lo absolvió de la excomunión, pero fue obligado a mostrarse ante la gente con un san benito colgado, que era una especie de gran escapulario con forma de poncho y con una cruz en forma de aspa, tanto en la parte delantera como trasera  para que la gente lo pudiera  identificar como reo procesado. Fue asimismo obligado a retractarse públicamente de sus errores.

        Fue condenado a prisión perpetua, a perder todos sus bienes, a oír misa todos los domingos y fiestas de guardar, a rezar los sábados cinco veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo y la Salve y a confesar y comulgar tres veces al año.

        Uno de los primeros casos juzgados por el tribunal de la Inquisición de Cuenca es el proceso contra Garci Sánchez e Inés de Moratalla, los cuales fueron denunciados en 1516.

        Garci Sánchez era cura de El Provencio, su honestidad dejaba mucho que desear y tal como solía ser habitual en algunos curas en aquella época, tenía varios hijos reconocidos públicamente. Había alcanzado fama en la zona de poder conjurar los demonios y aprovechaba el momento del conjuro para proponerles, como método infalible de curación en el caso de las mujeres, tener que acostarse con él. En 1516 llegó a El Provencio desde  Minaya Inés de Moratalla, la cual creyendo que la mordedura de un perro la había dejado endemoniada, unos parientes suyos la llevaron a El Provencio para que el cura le sacara el demonio del cuerpo.                Tras conjurar varias veces a Inés, una tarde la subió al altar de la iglesia e hizo creer a todos los presentes que no era el demonio quien la poseía, sino un ángel y se arrodilló ante ella para adorarla e incitó a todo el pueblo a hacer lo propio. Igualmente, animó a los vecinos a que llevasen todo tipo de presentes (comida, ropa, dinero o joyas) para ofrecérselos a Inés, los cuales inexplicablemente lo hicieron, así como  también el entonces señor de El Provencio, D. Alonso Calatayud, animó a los vecinos a que adorasen a Inés

        Cuando Garci Sánchez fue apresado, intentó defenderse cargando toda la culpa sobre Inés, admitiendo que había cometido el error de creer que Inés había sido poseída por un ángel, pero que nada más haber conocido su error, había ido inmediatamente a confesarse.

       A su vez, Inés declaró ante los inquisidores que el cura la había engañado diciéndole que para que fuera más fácil que el espíritu que tenía dentro saliera de ella, debía acostarse con él, lo cual hizo dos veces. También declaró que el cura le había advertido repetidamente que no le descubriese ni declarase sino solo todo lo que él le decía.

         El 25 de Noviembre de 1516 sentenciaron al cura a cárcel perpetua, a que abjurase públicamente y se mostrase con un san benito colgado a perpetuidad, fue separado de su condición sacerdotal, advertido de que nunca más ejerciera exorcismos y conjuros y a pagar una multa de 20.000 maravedís.

        El 14 de Noviembre de 1.518 le conmutaron la pena de llevar el san Benito y la cárcel perpetua por una peregrinación a Santiago de Compostela y realizar una serie de ayunos y oraciones.

        Por su parte, Inés de Moratalla fue apresada y, teniendo en cuenta como atenuante su ignorancia, fue condenada a abjurar y a recibir cien azotes públicamente.

 

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Las fuentes para los datos expuestos han sido:

Werner Thomas. Los protestantes  y la Inquisisón en España en tiempos de Reforma y Contrareforma. Leuven University Press, Lovaina, 2.001

Mercedes García Arenal. Inquisición y moriscos. Los procesos del Tribunal de Cuenca. Siglo XXI, 1.978

Tribuna de Toledo.es, 24 de Septiembre 2.014

 Adelina Sarrión Mora.- La religiosidad de la mujer en Castilla durante la época pretridentina. Universidad Autónoma de Madrid